MORENO: DE LA CIUDAD “DORMITORIO” A LA FÁBRICA DE POBRES

695 317 MORENO ES LO QUE HAY

A nadie escapa que Moreno venía creciendo en 100.000 habitantes cada diez años desde los ochenta. La movida impulsada por un tal Ernesto Lombardi y su famosa mesa sindical y el grupo conformado por el ya fallecido arquitecto Claudio Caveri, el ingeniero Luis Brunatti, Juan Bebe Ricci y compañía por el otro.

Se trataba de un grupo de intelectuales de izquierda encolumnados detrás de las ideas Guevaristas, que quedaron sepultadas definitivamente en La higuera en octubre del 67 y en las Encíclicas papales que rezaban sobre el derecho inalienable del hombre sobre la tierra. Allí donde chocan el ateísmo marxista y la fe católica, idéntica contradicción hallada en los muchachos del Nacional Buenos Aires, que pasaron de las Juventudes Católicas a engrosar las filas de Montoneros.

La situación se aceleró aún más con la llegada a los pagos de Florencio Molina Campos, de un tal Mariano Federico West Ocampo. Nacido en Mar del Plata, llego a Moreno con 24 años recién cumplidos para ocupar un cargo en la Dirección de Tierras y Vivienda en el gobierno democrático del Doctor Ibáñez. Venia auspiciado desde el obispado de Morón en aquel entonces en manos de Monseñor Laguna; del que, según dicen fue monaguillo. Allí nació la Organización Madre Tierra de la cual West fue miembro fundador.

Más tarde paso a ocupar la Secretaria de Bienestar Social del municipio, con Lombardi como Intendente y los asentamientos de la periferia comenzaban a crecer con una velocidad inusitada. Se trataba de miles de personas trasladadas de las incipientes villas de la Capital y del primer cordón de conurbano, más tarde comenzaron a llegar migrantes del NOA Y NEA, por ultimo arribaron los extranjeros marginales de Bolivia, Paraguay y Perú, expulsados por la propia miseria de sus países de origen.

Se ponía en marcha el perverso sistema de atestar de familias el territorio, asentándolas sobre parcelas fiscales sin ningún tipo de infraestructura ni de servicios prestablecidos. El máximo responsable: Mariano West, que insiste con retener esa pequeña cuota de poder que aún le queda.

El daño sobre la ciudad ya está ejecutado, según las últimas Encuestas Permanentes de Hogares (EPH), Moreno ha recibido los últimos diez años la mayor cantidad de migrantes, teniendo en cuenta los más dos mil doscientos distritos de todo el país. El único objetivo a la vista de ese grupo de hombres y mujeres que condujeron los destinos de este Moreno totalmente desarticulado, fue documentar a cientos de miles de almas, mantenidas con el goteo de los fondos provinciales y nacionales. El resultado a la vista fueron las victorias aplastantes en las elecciones desde el año 1995 al 2015.

La bomba explota sobre el fin del gobierno de otro peronista: Walter Festa, precisamente uno de los tantos cuadros de West, con el que finalmente depusiera su largo reinado. Unas doscientas mil almas nuevas se fueron subiendo a este barco a la deriva llamado Moreno. El Censo postergado será más esclarecedor al respecto.

Hoy es Mariel Fernández la que continúa recibiendo las esquirlas de tan intensa deflagración. Es tan profunda la devastación, que candidatos oficialistas y opositores coinciden off the record en que este municipio no tiene solución posible a la vista.

Se acercan, una vez más las elecciones de medio término, y en este desconcierto de la no campaña, producto de la pandemia y de las arcas secas del estado, solo se ven fotos de una desvencijada película en blanco y negro de la que Moreno no puede escapar. El abarrotamiento de personas la ha convertido en el distrito más importante en lo que a electores se refiere. Esos mismos que año a año se auto flagelan en nombre de Perón, Evita, Néstor y Cristina; mientras continúan comiendo salteado, pisando barro y defecando en un pozo, con la sola promesa que el próximo bono les otorgue, aunque mas no sea un frasquito chiquito de felicidad como la muestra gratis de esa fragancia parisina de moda, la cual nunca van a poder disfrutar.

Es tan nocivo lo que ha desplegado la política de la democracia sobre estas comunidades, que la reversión será necesariamente muy dolorosa, tanto como intentar mover un cuerpo completamente fracturado, sin antes colocar los huesos en su lugar y sanarlos por completo. Hablamos de personas, de por lo menos tres generaciones de extraviados, que la sociedad los ha repelido hacia los márgenes de la estructura sin posibilidad alguna de reinserción. El país debe preparase a contener a cientos de miles de congéneres conectados al respirador artificial, y reparar el tejido social hasta que sane.

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