RÉQUIEM PARA UN PERIODISTA DE ESPÍRITU JOVEN

1024 575 Juan Emilio Mirabustos

Por Juan Emilio Mirabustos

“No soy ni de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario”
J.E.L.

Esta historia tiene dos comienzos y bastantes coincidencias. El primero fue en 1988, cuando un joven periodista, tras varios intentos de ingresar en los medios grandes (fue a un casting de Nuevediario, el noticiero sensacionalista más visto del país), funda su propio diario. Le iba a poner de nombre “Repórter” pero alguien le ganó de mano con el nombre, presuntamente Luis Pedro Toni con su “Repórter del Espectáculo”. Terminó llamándose por la cantidad de páginas que empezó teniendo: doce. A partir de una moderada inversión monetaria de parte de la comunidad judía que ya estaba dejando de estar conforme con el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, aparece en los kioscos un diario que inmediatamente se convirtió en algo de culto. Aquel Página 12 era un hervidero de creatividad para presentar las noticias y una factoría enorme de artículos y textos de plumas renombradas. En un medio gráfico se juntó todo el “otro progresismo”, aquel que ya se cansó de los cantos de sirenas de los primeros años del regreso a la democracia. Nos estábamos acercando a la última década del siglo 20 y la cabeza nos empezaba a funcionar de otra forma, mientras mucha gente, asustada por los saqueos organizados a comercios, empezó a ver con ojos algo más amables a los muchachos peronistas que, según ellos, todos unidos triunfarán.

En 1990, ya con dos años de Página 12, Jorge Lanata se presentó a un casting para ser columnista político en Nuevediario, aún el noticiero más visto del país. No quedó, quizá porque Alejandro Romay, el dueño del canal, quería hacer buenas migas con el presidente Carlos Menem, a pocos meses de asumir.

El creador del diario empezó a tener repercusión mediática. Llenaba los auditorios de facultades dando charlas a futuros periodistas. Muchos de ellos, con el tiempo, vieron en él un verdadero gurú de la vocación, un motivador nato de profesión bien ejercida. A principios de los 90 también incursionó en radio, con dos programas exitosos, el periodístico “Rompecabezas” por la mañana y el intimista “La Hora 25” por la medianoche, en una radio, Rock & Pop, la más escuchada en esos tiempos, que lentamente iba dejando el pop para abrazar definitivamente al rock. De Página 12 nacieron Página 30, el spin off del diario con forma de revista que venía con videos de clásicos del cine de todos los tiempos, y los CDs coleccionables que iban desde música hasta poemas recitados por Eduardo Galeano. Los años 90 no eran solo pizza, champán y artistas exclusivos de Telefé. Había mucha bohemia, arte, cultura y una fantasía oscuramente romántica del fin del milenio. Una burbuja que terminó explotando un año después de comenzar el nuevo siglo, con el ataque terrorista a las Torres Gemelas y el golpe de estado peronista que derrocó a Fernando De la Rúa. Para ese entonces, el otrora joven periodista, ya auto-eyectado de su propia creación gráfica diaria, crea Veintiuno, una revista con mucho de Página 12, que cambiaría su nombre a Veintidós, para terminar llamándose Veintitrés. Siempre por el mismo camino de la independencia editorial, a través de Vocación SRL, su productora audiovisual y comercial. Para ese tiempo, ya empezó a incursionar en la televisión, con programas periodísticos semanales de discreta repercusión, como Día D y Detrás de las Noticias, siempre presentando investigaciones serias con absoluta creatividad. Fue el único que se animó a pasar un fragmento de un informe de Telenoche Investiga que comprometía al recién asumido presidente Adolfo Rodríguez Saa, tras el cuarto violento derrocamiento a un gobierno no peronista. Nadie se animaba a pasar algo así en esos días de presión mediática con los dedos en ve y de saqueos y caos social que mágicamente se acabaron apenas pusieron al Dr. De la Rúa en un helicóptero. Por esos años donde parecía que todo acabó, aquel joven fundador de un diario comenzó su adicción a la cocaína, que años después superó. La primera década del siglo 21 fue signada en su carrera por producciones televisivas de poca repercusión, dado que se emitían en canales de cable que apenas arañaban el punto de rating, y de un nuevo medio gráfico, Crítica de la Argentina, del cual también se fue por desacuerdos económicos y, sin su creador, el diario languideció en tiempo récord. Para ese entonces, aquel joven periodista, ya no tan joven, tenía en su haber una película y varios libros de ficción y no ficción editados.

Una vez, el riojano dijo que Página 12 era un diario “amarillista”. La respuesta de Lanata fue publicar todo el diario en papel amarillo y cambiarle momentáneamente el nombre.

Pero un día, el matrimonio que empezó a gobernar la Argentina, que incluso ya estaba empezando a investigar aquel otrora joven periodista, popularizó una frase que empezaba a cambiar todo: “¿qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?”. Néstor Kirchner, en su afán obsesivo de comprar voluntades, estaba empecinado en comprar el grupo multimedios más grande del país y uno de los más grandes de la región con dinero de los impuestos de la gente. La junta directiva del grupo lo mandó a volar y ahí comenzó una guerra innecesaria, cuyo otro punto de ignición fue el voto “no positivo” del vicepresidente Julio Cobos (en esos momentos, la esposa de Kirchner era la presidente de la nación) a la resolución 125 que literalmente destruía el área agropecuaria del país, inundándola de más impuestos. La credibilidad del matrimonio comenzó a derrumbarse y, siguiendo ciertos manuales políticos, decidió aplicar el plan B: la militancia fundamentalista. Terminaron cooptando el 80% de los medios privados con pauta oficial. Todo para derrumbar al grupo que no pudieron comprar “por las buenas”. Llegó la estatización de los partidos de fútbol, llegó una millonada de inversión para “resucitar” los medios públicos que sólo tenían rating cuando jugaba la selección, crearon canales de TV como Encuentro y Paka Paka, aparecieron grupos multimedia que sólo subsistían con dinero del erario público, como Electroingeniería o Veintitrés, el grupo que compró la revista antes citada y creó una sarta de medios adscriptos al régimen kirchnerista, siendo de los más famosos el canal CN23… Y llegó la Ley de Medios, que no solo se limitaba a poner obligatoriamente “espacio publicitario” al principio y final de las tandas, sino que repartió discrecionalmente carnets de locución a cuanto fanático del kirchnerismo se les cruce. En todo ese tiempo, Néstor Kirchner muere en circunstancias menos claras que cuando falleció el periodista Juan Castro, y Cristina Fernández, la viuda más famosa del país, enterneció al electorado y arrasa en las elecciones del 2011 ante absolutamente nadie que la enfrente. Y aquí es el segundo comienzo de esta historia.

Después de ese batacazo electoral, y ya sintiendo que todo está perdido para muchos argentinos que sentían llegar un kirchnerperonismo eterno, el Grupo Clarín pega un volantazo inimaginable años atrás. Contrata en exclusividad a aquel periodista, que para ese entonces estaba sin actividad fija en los medios y había cerrado su productora pocos años atrás. Terminó siendo la bala de plata que empezó a herir de muerte a un régimen que se perfilaba como la sucursal del chavismo en Argentina. El programa se llamó “Periodismo para Todos”, o más conocido por sus siglas, PPT, un sarcasmo a la productora de Diego Gvirtz, que se volcó abruptamente a la militancia agresiva en los medios, teniendo como buque insignia 678, el programa ultra-K que se emitía por el canal estatal, al cual ya todos llamaban “la televisión pública”. Aquel ya no tan joven periodista puso al aire las más feroces investigaciones contra un gobierno que tenía decidido eternizarse. “La ruta del dinero K” fue la apoteosis, apenas meses después de la reelección de Cristina Kirchner.

“Periodismo para Todos” fue el programa más exitoso en la carrera de Jorge Lanata, sacando a mucha gente del termo kirchnerista durante 12 años. La foto es del último año del ciclo, que llegó a tener hasta 30 puntos de rating en su mejor momento, superando hasta al fútbol estatizado por Cristina Kirchner.

Ni el “Fútbol para Todos” estatizado le pudo ganar en audiencia a esos informes, que superaban cómodamente los 30 puntos de rating cada domingo por la noche. Aquel fundador de Página 12 tuvo su revancha personal y profesional, tras ser levantado incontables veces del aire televisivo, incluso cuando a los canales que estuvo, por ejemplo, América, les resultó extremadamente rentable que esté frente a una cámara. La gente, que votó a CFK por compasión (lo cual siempre alimenta la otra teoría del “voto semana”, es decir, si esta semana estoy bien de plata, voto a que todo esté como está) se dio cuenta del tiro en el pie, dejó de renguear y empezó a manifestarse en las calles, insistimos, apenas un año del triunfo de Cristina. La marcha del 8 de noviembre de 2012 fue el espaldarazo que necesitaba el kirchnerismo, pero para empezar a perder elecciones. Con el crecimiento de PPT, el programa empezó a expandir su público y sus preferencias. Empezó a meter humoristas, más humoristas, pero el colmo fue, en plena pandemia, lo de “los soldaditos”, donde se explicaba la realidad argentina con muñequitos y maquetas, mientras de fondo se escuchaban risas grabadas. Un absurdo tan grande como lo fue el encierro casi eterno que impuso el peronismo al volver al poder en 2019 gracias al “voto berrinche”. Por esos años de covid, se llamó PPT Box, siendo su escenario una caja gigante y totalmente despojada de decorados. De esa manera fue el último ciclo del programa, en 2023, con informes de impacto, aunque sin la fuerza de los primeros años. Lentamente, la salud de aquel joven periodista se iba languideciendo. Su programa de radio, aquel que salvó a una AM que no podía llegar a ser primera y desde hace más de una década es líder en audiencia, lo estaba haciendo desde su casa. Para ese entonces, ya estaba en su cuarto matrimonio, naturalmente visto de manera muy celosa por sus dos ex parejas y sus respectivas hijas, que se mostraron muy unidas en la última internación de aquel periodista. A los seis meses, dejó de existir, justo un día antes de terminar el 2024.

Ese otrora joven periodista, el de los dos comienzos, se llamó Jorge Ernesto Lanata. O Jorge Lanata. O Lanata, a secas. Su muerte fue llorada por casi todo el gremio periodístico, pero celebrada, muchas veces de manera silenciosa, por los protagonistas de sus informes. Lanata fue un verdadero detector de termos, no importa de qué lado aparezcan. Lo pueden ser de Kirchner, algunos pocos de Macri o unos cuántos más del actual presidente Javier Milei. Ellos, junto al nazi Santiago Cuneo o el milico K César Milani, no se ahorraron palabras de desprecio y de poco respeto al difunto. Pero son los menos. Nadie puede negar la contribución a la democracia que ha hecho Lanata para que no nos terminemos convirtiendo en una segunda Venezuela. Jorge ha sido íntimo amigo de la siempre polémica Lilita Carrió, quien una vez le propuso candidatearse, pero el periodista se negó amablemente a semejante salto al vacío.

Una de las fotos de Lanata luego del trasplante de riñón que le dio más años de vida. Al contarlo en su programa de radio, no pudo contener el llanto, siendo la única vez que el periodista se quiebra en medios.

Hoy la creadora del ARI, junto a Mariana Zuvic, se convirtieron en críticas recalcitrantes del gobierno libertario, que logró en tiempo récord frenar una segura hiperinflación y estabilizar el país económica y socialmente, sin saqueos, sin piquetes extorsivos y sin emitir moneda. Y hasta el tiempo de volver a internarlo, Lanata empezó a criticar fuertemente a Milei, después de que este lo acusó de “ensobrado” en un lejano tuit del que ya nadie se acuerda. Independientemente de la salud del periodista, este ya estaba en retirada de los medios y muchos tomaron la posta de su método de informar, pero bancando implícita o sugestivamente las medidas extremas que está tomando el actual gobierno para estabilizar la Argentina, aunque algunos otros, también salidos de su escuela periodística, abogan una “Corea del Centro” permanentemente, siempre poniendo entre algodones al peronismo, para que “no los moleste”. Lanata siempre fue crítico de cuanto poder se le cruce, incluyendo a los que de manera muy discreta mostró cierta simpatía. De eso se trata el periodismo, si no, como se leyó alguna vez, serían relaciones públicas.

El diario que fundó Jorge Lanata hace 37 años, hoy pertenece al Grupo Octubre, del jefe del sindicato de porteros Víctor Santa María, explícitamente alineado con el kirchner-peronismo. Tras la muerte del periodista, apenas lo anunciaron en un mínimo espacio como “uno de sus fundadores” y en una corta nota sin firma, aclaran que “toda la derecha lo lloró”. No les alcanzó con ignorarlo en la celebración de los 30 años del diario en la ex ESMA con CFK de oradora. Los canallas e irrespetuosos nunca dan puntada sin hilo.

Fue el único que, frente a una cámara, le dijo “pobre vieja enferma” a Cristina Kirchner. Terminó convocando a más gente que Bernardo Neustadt y su “marcha del Sí” en apoyo a Menem y que a este le sirvió para marcar la cancha a los sindicatos que le estaban empezando a dar la espalda. Jorge, que nunca usó redes sociales, se sirvió de ellas para aumentar su popularidad y fue uno de los primeros en prestarle atención, cuando todavía hoy cierta parte del periodismo sólo se mira el ombligo. Seguramente si hubiera tenido la salud que tenía hace unos años, haría un PPT contra el gobierno de Milei, a costa de perder miles de seguidores, pero no hubiera sido él si no lo hacía. Además, con todo el libreto que le ha dado el kirchnerismo, de ese lado tenía informes ad infinitum. En 2013, al ganar uno de sus 23 Martín Fierro, habló de “la grieta”. Por primera vez alguien le puso nombre a uno de los “logros” más grandes del kirchnerismo. El apotegma de “divide y triunfarás” le funcionó en su momento, pero solo había quedado el “divide”. En aquel discurso, Lanata fue muy claro. Es cultural en sentido extenso, tiene que ver cómo vemos el mundo. La grieta ha separado amigos, hermanos, parejas, compañeros de laburo. Antes había más gente que yo saludaba acá y ahora no me saludan. Esta historia que quien está en contra es un traidor a la patria… y se tiene que poder estar en contra sin serlo. La última vez que pasó fue en los años 50 y esa grieta duró 50 años. Creo que todos somos la patria, nadie tiene el copyright de la patria, la Argentina no es de ningún partido. Ojalá que algún día podamos superar esta grieta porque dos medias Argentinas no suman una Argentina entera”. Todavía no sabemos cuánto va a durar la grieta que creó el kirchnerismo. Una pregunta que nos vamos a hacer en cada cambio de época y cada nueva generación.

“Lanata fue un genio igual que Maradona, se drogaba igual que Maradona, terminó gordo igual que Maradona y murió joven como Maradona” fue la comparativa que hizo Jaime Bayly sobre el periodista. Nunca se pudo librar del fantasma de sus vicios, en el caso de Jorge, del cigarrillo, del cual ni siquiera un comprometido trasplante de riñón que le salvó la vida y que lo contó entre fuertes lágrimas en su programa, logró que lo deje. Más allá de su semblante de rockstar excéntrico, siempre fue generoso y nunca fue egoísta con sus colegas. Tampoco le hizo asco al trabajo en campo, no importa cuál haya sido el lugar, sea la selva chaqueña o las islas Seychelles o el hotel fantasma de los Kirchner. Se peleó con cuanto medio de comunicación haya mostrado su intimidad sin su permiso y luego se le pasó el enojo y hasta terminó abriendo las puertas de su casa hasta para sus propios informes. Pasó de ser de culto a ser popular, algo que pocos logran. Pasó Lanata, pero como decía Machado, “todo pasa y todo queda”. Y de Jorge Ernesto, todo lo de él quedó para mucho tiempo.


Esta es la primer publicidad del diario Página 12 en 1988, con la locución de Eduardo Aliverti, quien años después despotricaría el trabajo del fundador del diario por no alinearse con el kirchnerismo.

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